Danzas del Mundo en el Teatro Gayarre con La Pamplonesa

Fuente Banda La Pamplonesa

Notas al programa

Si en marzo La Pamplonesa llevó a su público de “marcha sinfónica”, ahora le pone a “danzar”. Eso sí, con todas las medidas de seguridad y manteniendo la pudorosa distancia que históricamente ha tenido este género musical. Las danzas folklóricas han interesado a la mayoría de compositores “clásicos”, pero con más fuerza todavía a partir del siglo XIX, dentro de un contexto musical nacionalista en el que la expresión popular era el ingrediente esencial. Autores como Brahms, Chaikovski, Dvorak o Mussorgsky generaron un repertorio basado en la música de danza y que hoy incluso sigue vigente a través de una banda de música. De igual forma, compositores actuales de moderna música original para banda encuentran inspiración en este género musical, con sonoridades de múltiples procedencias.

Abre el concierto la Danza Húngara nº 5 de Brahms (1833-1897). Integrada en un conjunto de 21 obras que compuso entre 1858 y 1869 para piano a cuatro manos, tras su éxito transcribió diez para piano solo e instrumentó junto a Dvorak varias para orquesta. La nº 5 es la más conocida, con dos secciones diferenciadas: la primera es enérgica y presenta el tema melódico principal, mientras que la segunda es más viva, con mayor virtuosismo para mostrar la agilidad en saltos y acrobacias del danzante. Después retorna al inicio, dándole una estructura ternaria. El ballet El cascanueces fue escrito por Chaikovski (1840-1893) en 1891 y está basado en la adaptación de Alejandro Dumas del cuento El cascanueces y el rey de los ratones de Hoffmann. La suite con su música la estrenó el propio autor el 19 de marzo de 1892, con ocasión de una reunión de la sección de la Sociedad Musical en San Petersburgo. En una de sus escenas, el cascanueces es recibido en el reino de los dulces por el Hada de azúcar, su caballero y el resto de los dulces. Ahí se suceden una danza española relacionada con el chocolate, una danza china que es el té, una danza árabe que es el café y una danza rusa (Trepak), a veces llamada de bastones de caramelo. Modest Mussorgski (1839-1881) es uno de los autores nacionalistas más originales. Integrante del Grupo de los Cinco, su formación fue autodidacta a excepción de alguna enseñanza de Rimsky-Korsakov y Balakirev. Entre sus principales obras está Khovanchina, en la que se integran las sugerentes Danzas Persas. Las Danzas Eslavas son una serie de 16 obras para orquesta compuesta por Antonin Dvorak (1841-1904) entre 1878 y 1886. Originales para piano a cuatro manos, están inspiradas en las mencionadas danzas de Brahms. Claramente nacionalistas, fueron bien recibidas y hoy están entre sus obras más destacadas. La número 8 posee ritmos y armonías eslavas, pero con melodías originales suyas. Se le conoce como Furiant (furiosa) y llama a la rebelión de su patria, Bohemia, entonces bajo el yugo del Imperio Austro-Húngaro.

Ya en el s. XX, los autores de música original para banda han recurrido a la danza en muchas ocasiones. El estadounidense Alfred Reed (1921-2005) es uno de ellos y su aportación a la causa es grande. Sus Danzas Armenias (1976) recogen muchos elementos de la música popular armenia. Una de ellas, Khoomar, hace referencia a un típico nombre femenino armenio y un ligero tema musical describe cómo dos jóvenes se conocen y se casan. Una danza de boda muestra el clima agradable y el gozo de tal ocasión. El italiano Franco Cesarini (1961-) recreó en sus Cossack Folk Dances algunas de las danzas que él mismo tuvo la ocasión de conocer a los cosacos de Kuban. Además de por sus saltos y el dominio sobre el caballo, quedó impresionado por la belleza de las canciones y danzas tradicionales. La obra retiene la esencia y el espíritu de esta seductora música, en la que destaca su marcado ritmo a contratiempo y su progresiva aceleración. Otro de los grandes compositores es el belga Jan van der Roost (1956-) y su acercamiento a la música de danza es una costumbre. En Dublin Dances combina los principales valores de la música tradicional irlandesa. Brian Boru’s March contiene una melodía que hizo célebre el flautista James Galway, mientras que The Irish Washerwoman contiene el típico ritmo en 6/8 con bordón, característico de la música irlandesa. En el caso de Rikudim, se trata de cuatro danzas folklóricas israelitas de diversos ambientes. No se trata de danzas concretas, sino más bien de una recreación tal y como solía hacer Bela Bartok. Las cuatro representan tanto la melancolía como el optimismo, características propias de la música judía.

Luis Mª San Martín Urabayen